Durante más de diez años trabajé en ventas corporativas. Era buena en lo que hacía. Los números cerraban, los clientes renovaban, los jefes quedaban satisfechos. Y sin embargo, llegó un momento en que me desperté un lunes con una sensación que no supe nombrar de inmediato: no quería ir. No porque estuviera cansada. Sino porque sentía que lo que hacía no tenía nada que ver conmigo.
Eso es el burnout que nadie te advierte. No el del que trabaja demasiado. El del que trabaja desconectado.
El burnout laboral empieza mucho antes del primer trabajo
Cuando hablo con jóvenes que están eligiendo carrera, noto algo que me resulta familiar: muchos eligen desde afuera. Eligen lo que tiene salida laboral, lo que sus padres valoran, lo que estudiaron sus amigos, lo que da estatus. Son razones válidas — todas tienen algo de lógica. Pero ninguna responde a la pregunta más importante: ¿quién soy yo y qué tipo de vida quiero construir?
El problema no aparece el primer año. Aparece a los tres, a los cinco, a los diez. Cuando llevas un tiempo haciendo algo que no conecta con tus valores, tus intereses o tu forma de ser, el costo se acumula. Primero es desmotivación. Después es agotamiento. Finalmente, es esa sensación de no saber ni quién eres ni para qué trabajas.
Desconexión profesional: la epidemia silenciosa entre jóvenes
Según Gallup, menos del 25% de los empleados a nivel mundial se siente comprometido con su trabajo. Y esa desconexión no empieza a los 40 — empieza antes, cuando la decisión vocacional se tomó sin suficiente autoconocimiento.
Lo veo constantemente. Universitarios de tercer año que me escriben diciendo que sienten que eligieron mal pero no saben cómo salir. Profesionales jóvenes que buscan un cambio de carrera pero no saben hacia dónde ir porque tampoco saben bien quiénes son. El hilo conductor siempre es el mismo: nadie los ayudó a conocerse antes de decidir.
El autoconocimiento vocacional no es un lujo. Es la diferencia entre construir una trayectoria que te energiza y pasar años recuperándote de una que te agota.
Qué tiene que ver PASTA con todo esto
PASTA nació, en parte, de mi propia experiencia de reinvención. Cuando finalmente entendí que mi hilo conductor no era un título ni un sector sino una vocación de servicio, todo cambió. No cambié de persona. Aprendí a conocerme mejor.
Por eso trabajo con adolescentes. No porque los adultos no lo necesiten — lo necesitan también. Sino porque en ese momento, cuando aún están eligiendo, hay una ventana de oportunidad enorme. Ayudar a un joven a conocerse antes de decidir no solo mejora su elección de carrera. Puede ahorrarte años de desconexión, de buscar algo que nunca supiste definir bien, de ese burnout que llega sin que te des cuenta.
En las sesiones de PASTA no hablamos de universidades ni de salarios. Hablamos de intereses, de valores, de qué tipo de entorno hace que una persona florezca y cuál la drena. Porque una carrera no es solo lo que estudias — es el tipo de problemas que vas a resolver todos los días y el contexto en el que vas a vivir.
Si tu hijo/a está eligiendo carrera ahora
No le preguntes qué quiere estudiar. Pregúntale qué tipo de problemas le gusta resolver. Qué hace que se le pase el tiempo sin darse cuenta. En qué contextos se siente con energía y en cuáles se siente drenado. Esas respuestas valen más que cualquier lista de carreras con buena salida laboral.
Si no sabe responder — y es muy probable que no sepa, porque nadie se lo ha preguntado antes — ese es exactamente el trabajo que hacemos en PASTA.