Esta mañana fui al Colegio Jefferson a conversar con los alumnos de 4to año — dos secciones, en dos momentos distintos de la mañana. Y me fui con algo que siempre me recuerda por qué hago lo que hago.
No fui a hablarles de carreras. No fui a decirles qué estudiar. Fui a hacerles preguntas que, para muchos de ellos, eran completamente nuevas — preguntas sobre sí mismos que nadie les había hecho todavía.
Lo que les pregunté: autoconocimiento antes que carreras
Arranqué con algo simple: ¿quién aquí ya sabe exactamente qué quiere estudiar? Unos pocos levantaron la mano con seguridad. Luego pregunté quién tiene dos o tres opciones pero no está seguro. Más manos. Y finalmente: ¿quién siente presión cuando alguien le pregunta "¿qué vas a estudiar?"
Casi todos levantaron la mano en esa última pregunta.
Eso me dice mucho. No porque la presión sea mala — es natural sentirnos presionados por nuestro entorno. El problema es cuando esa presión nos empuja a decidir desde afuera hacia adentro, cuando el camino debería ser al revés.
El cliché de elegir carrera
Les hablé de los lugares desde donde solemos elegir sin darnos cuenta: por presión familiar, por comparación con los amigos, por lo que está de moda, por miedo a equivocarse. Nada de eso está mal en sí mismo. El problema es que ninguna de esas razones habla realmente de ti.
Lo que más resonó fue cuando les planteé que una carrera no es solo un título. Es el tipo de problemas que vas a resolver todos los días, el entorno donde vas a vivir, las personas con las que vas a trabajar. Cuando lo ves así, la decisión se vuelve mucho más personal — y mucho más tuya.
Mi propio camino: cómo el autoconocimiento guía las decisiones vocacionales
Les compartí mi historia no como un modelo a seguir, sino como una demostración de que conocerse permite adaptarse. Estudié psicología, luego hice una especialización en psicología del consumo, una maestría en marketing, trabajé en ventas durante más de diez años en sectores completamente distintos — energía, educación, telecomunicaciones — y hoy hago coaching vocacional.
Desde afuera puede parecer disperso. Desde adentro tiene un hilo conductor clarísimo: vocación de servicio. Conocerme me permitió hacer muchas cosas distintas pero todas alineadas conmigo, con mis intereses, y que me mantienen con energía.
Lo que me llevo de esta experiencia de orientación vocacional
La calidad de sus preguntas me sorprendió. Hubo alumnos que después de la sesión se quedaron a seguir conversando. Uno me preguntó cómo saber si lo que te gusta "de verdad" es tuyo o es solo influencia de tus padres. Otra me dijo que nunca había pensado en el tipo de entorno donde quería trabajar — solo había pensado en el nombre de la carrera.
Eso es exactamente lo que busco generar: no respuestas, sino mejores preguntas. Porque quien aprende a hacerse las preguntas correctas sobre sí mismo tiene una ventaja enorme, independientemente de lo que decida estudiar.
Gracias al Colegio Jefferson por abrirnos las puertas. Y a los chicos de 4to, por atreverse a mirar hacia adentro aunque sea por una hora.